Zaragoza en blanco




13.2.06

La mudanza

zapatos

Trasladarse de un piso de 110 m2 a otro de 30m2 no es una tarea fácil.

Hay que desprenderse de muchas cosas.

Ropa, muebles, zapatos, películas, libros, ir repartiendo por aquí y por allá, pedazos de ti, después de haberlos elegido definitivamente como prescindibles.

Y pasan los días, y mi casa está cada vez más vacía, pero no echo nada en falta, como pensaba.

Al contrario, me siento cada vez más ligera.

Me pregunto para qué carajo querría yo todas esas cosas, si no las necesitaba.

Supongo que por su valor sentimental.

Pero tengo el corazón grande, así que ahora me resulta un tanto absurdo, eso de ir guardando mi amor por otros, en una relación de objetos, cuando sé (siento) que siempre lo llevo conmigo.

Cuando forma parte de mí.