Zaragoza en blanco




6.9.05

Dichosas manías

un café

Un rincón perfecto, en un café, para perder la tarde.
Un lugar en el que me gustaría sentarme a leer un rato, tranquila, resguardada por sus luces amarillentas y cálidas.
Ya me pareció precioso, desde el primer día que lo vi.

Pero cuando estoy allí, tengo la sensación de no estar acorde con la decoración, de que no es mi sitio.
Y no me queda más remedio, que marcharme.

Es absurdo, lo sé, pero eso no es lo peor.
Cuando voy acompañada, la sensación desaparece.
Es entonces cuando me da por fantasear, sobre lo maravilloso que podría ser, regresar una tarde sola, a leer en ese apartado rincón.

Aunque ya no me atrevo.

PD: En realidad, lo único que intento decir, con todo esto, es que estoy asustada.
(Yo, y mi maldita necesidad de expresar lo que siento)