Zaragoza en blanco




30.9.05

Nuevo año maño

margaritas

Todavía quedan en un cuarto, tres cajas sin abrir.
En la misma fecha, hoy, mi cuerpo estaba roto por la mudanza.

¿Te acuerdas?
Me acuerdo

Margaritas para celebrar
Vamos dentro, en la terraza hace frío.
El Arco del Dean espera, a que pasemos, solos.
Camino a casa.

¿Qué he hecho en este tiempo?

Miras hacia abajo, te pones a contar.
Has acumulado ocho pares de zapatos.
Y todos están en el suelo.

Sí, pero debo decir a mi favor, que tres son regalados, y las chanclas, me las dieron con el champú. Ya volverán a su sitio, sí, mañana...

29.9.05

Mimitos

independencia

Una mesa junto a la ventana, en El caffè di Roma.
Un capuccino, y una caracola, barnizada de azúcar y virutas de colores.
La voz de Henry Miller, doblada al castellano (ya no puedo imaginarla de otra forma) en las páginas de Primavera Negra.
El ruido a mi alrededor, que desaparece.
El cacao, que corona la espuma del capuccino.
Me gusta tomarlo antes que nada, separándolo con la cucharilla.
Después la caracola.
Por último, lo mejor, el café.
El café todavía caliente, todavía dulce, para sorber despacio, estirando el tiempo.

Con la tranquilidad, de sentirme mejor.
Con la certeza, de no ser una mujer increíble, pero sí una mujer afortunada.
¿Qué más puedo pedir?

27.9.05

No sé decirte como fue

se hace de noche

Se hace de noche, y el aire se vuelve más denso en la ciudad.
Respiro con dificultad, mientras todavía siento la tibieza de un vaso de vino, endulzándome la garganta.
La noche, la noche esta plagada de buenos propósitos, que mueren al amanecer.
También de ideas extrañas, ideas nocturnas, que tampoco resistirán la luz día.
Y mi sensatez lo prefiere así.
Y mi locura se disuelve en los sueños, como ese terrón de azúcar, que me gusta dejar deshacer poco a poco, en el café con leche, mientras lo retengo con la punta de los dedos.

26.9.05

Mis comportamientos

la calle

Normalmente, antes de ponerme a escribir, sé sobre qué voy a hacerlo... hoy tengo una vaga idea, pero nada más. Hoy es una necesidad, una urgencia, porque algo dentro de mí, está a punto de explotar, y aunque todavía no sé lo que es, prefiero sacarlo fuera, para que no me reviente por dentro.

No suele ser así, aquí, pero ya no quiero saber nada de lugares apropiados, de comportamientos apropiados, de vómitos apropiados, del momento justo. Me importa una mierda si esto está bien escrito o no, en realidad, ahora mismo, siento que me importa una mierda, si algo de lo que escribo está bien o no. ¿Quién lo decide, lo que está mal o bien?

¿Por qué necesito creer que está bien? Mejor dicho, que los demás me lo hagan creer. ¿Por qué necesito pensar que sé hacer algo? ¿Qué tiene de malo no saber hacer nada? ¿De dónde me nace esta puta vanidad?

Hoy siento que lo único realmente importante, son las personas a las que quiero, y no me sirve eso de que yo tengo que ser lo más importante y quererme a mí misma, y todo eso. Me quiero a mi misma, aunque a veces me haya maltratado un poquito, yo misma me perdono. Pero lo más grande que tengo, son esas personas que me rodean, y me hacen sentir que la vida es maravillosa. Que no tengo nada que temer, ni que perder, al calor de su abrazo.

Quizá soy débil por eso, pero aunque no me guste repetirme, estoy obligada a decir, que también me importa una mierda si soy débil.

Este fin de semana, por ejemplo, he tenido la suerte de conocer a alguien muy especial, un amigo, que en realidad ya conocía desde hace tiempo. Y no sé exactamente por qué, pero su visita, me ha hecho replantearme muchas cosas.
Sospecho que esa facilidad, que estoy adquiriendo poco a poco, de compartir el alma, directamente, al igual que las cervezas y las conversaciones, tiene mucho que ver. La risa, la felicidad se esconde detrás de todas esas carcajadas comunes.

También conocí, el sábado por la noche, a un francés, concretamente de París (Oh de París, como me flipo con París, ni yo misma me entiendo) que me contó su vida, con una sonrisa en los labios, pero con alfileres en los ojos.
Tenía una mirada tan triste, y tan azul, que hoy me ha hecho volver a los sitios por los que pasamos, para intentar deshacer el nudo, que se me instaló en la boca del estómago.

En lugar de zapatos, llevaba pantuflas, pero eso no nos impidió bailar hasta las siete de la mañana. Solo bailar, hasta hacerse de día, sin pensar en nada.
En mi camino me he cruzado con varios hombres con traje y corbata, realmente, me parece mucho más absurdo llevar una corbata, que salir a la calle en pantuflas.

Las pantuflas son cómodas, las corbatas no sirven para nada.

Me dan ganas de vestirme al revés, porque o el mundo está loco, o yo no lo entiendo.

Sólo intento descubrir, que es lo que realmente necesito.

Algo está cambiando. Mejor dicho, está cambiando TODO.

Todo es tan sencillo

no me cuentes del suelo

Un cuerpo de mujer,
y una media sonrisa,
para el que camina mirando al cielo.

22.9.05

Excesiva candidez

siempre cielo

Al llegar a la cima del Moncayo,
el paisaje es demasiado disperso,
como para jugar con él.
Así que me llevo una nube,
y escapo corriendo,
cuesta abajo,
para no congelarme de frío.

16.9.05

Cuerpos aromáticos

perfumes

Me encanta el olor a jazmín.
Al poco tiempo de llegar a Zaragoza, encontré un perfume, que huele a jazmín.
Pero a jazmín de verdad, no como otros que había comprado antes.

Me gustaba ponerme unas gotas (solo unas gotas) por las mañanas en invierno.
Después me olvidé de utilizarlo, por el calor, por las prisas, por los nuevos aromas que se acumulan en la estantería, y que con las mínimas dosis que utilizo, me durarán años.

Hoy he vuelto a ponerme unas gotas, en el cuello, en las muñecas, en las palmas de las manos, y ha sido como retroceder en el tiempo.
El olor a jazmín, me ha sorprendido, con un montón de recuerdos acumulados.
Por primera vez, he sentido nostalgia del invierno pasado, y de su esencia.

14.9.05

Sin fecha II

la primera noche

Casi sin darme cuenta ha pasado un año.
Entonces no tenía todavía fecha para venir aquí.
Hoy no tengo fecha para marcharme.

Lo mejor, tantas cosas que me quedan todavía por descubrir.

12.9.05

Mientras se acerca el otoño...

burdeos

La casa donde murió Goya, ya la tengo guardada, en los recuerdos de verano, con el rumor del agua, el fenómeno de las mareas, y los besos salados.
Burdeos es una ciudad preciosa, que espero recuperar pronto.

La casa donde nació, la guardé hace ya meses, en los recuerdos de invierno, junto al olor a leña, las caricias heladas, y el aullido áspero del cierzo.

A veces me gustaría poder contarte también, todo esto.
Otras me entran ganas de recordarte, que ya hacía mucho tiempo que me habías olvidado, cuando decidiste guardarme rencor para siempre.
Pero la mayor parte del tiempo, digamos que en un 99'9 por ciento, yo también me olvido, de ti.

9.9.05

Mejor, mejor, mejor

pasada la frontera

A veces me sorprende una segunda voz, que supongo que también será mía, acunándome cariñosa, susurrando, ya pasó, ya pasó...
Aunque cuando me quede sola, tenga la extraña sensación de ser una puerta invisible, a la que no llama nadie.
Yo sé que es mentira.
En el fondo, hoy me creo que lo sé todo, como en una de esas películas previsibles, que puede adivinarse el final, nada más empezar.
Como esas curvas que giré por primera vez, y no fueron capaces de sorprenderme.
¿Qué puedo hacer?
Disfrutarlo mientras dure, no me cabe duda.

8.9.05

A ratos llueve

nubes

En realidad, me apetece escribir sobre la melancolía de los días nublados.
La melancolía, que me producen los días nublados.
Pero ya no me lo permito.
Luego cuando lo leo, siempre pienso, ¡Otra vez lo mismo! ¡Qué aburrimiento!

Así, que mejor me voy a la cama, empiezo una de las novelas de Anaïs Nin que me traje de Burdeos, y quito el cd de Eva Cassidy, que escuchar quince veces Autumn Leaves en este estado, roza los límites del masoquismo (si no los sobrepasa ya).

7.9.05

Buena estrella

videoclub

Estaba tan cerca de casa, y no me había dado cuenta.
El videoclub de mis sueños (y no me refiero al que tenía enfrente, del que el dueño me acabó echando a gritos, y yo terminé tirándole la tarjeta de socia por la cabeza)
Decía, el videoclub de mis sueños, girando la esquina, unos pasos hacia delante.
Donde comienza el barrio de la Magdalena.
Pequeñito, apenas tiene cuatro estanterías, pero siempre que voy encuentro algo que valga la pena. Y es lo único que quiero.

En una semana he podido ver Cachimba, Madame Broutte, La intérprete, El hundimiento... diferentes sí, pero cuando voy a devolverlas la dueña me pregunta si me han gustado, y me cuenta su opinión, y yo le cuento la mía... Tiene tantas bolsas de gusanitos en las estanterías, que a veces temo que quedemos sepultadas debajo, si me muevo más de lo necesario.

Y no está tan lejos como el Blockbuster, que tenía que andar medía hora, para regresar la mayoría de las veces con las manos vacías. Y no me pidió el contrato de alquiler, ni me mira como si fuera extraterrestre.

Todo eso, se agradece, y mucho.

No puedo estar más contenta, por fin encontré el videoclub que necesitaba

6.9.05

Dichosas manías

un café

Un rincón perfecto, en un café, para perder la tarde.
Un lugar en el que me gustaría sentarme a leer un rato, tranquila, resguardada por sus luces amarillentas y cálidas.
Ya me pareció precioso, desde el primer día que lo vi.

Pero cuando estoy allí, tengo la sensación de no estar acorde con la decoración, de que no es mi sitio.
Y no me queda más remedio, que marcharme.

Es absurdo, lo sé, pero eso no es lo peor.
Cuando voy acompañada, la sensación desaparece.
Es entonces cuando me da por fantasear, sobre lo maravilloso que podría ser, regresar una tarde sola, a leer en ese apartado rincón.

Aunque ya no me atrevo.

PD: En realidad, lo único que intento decir, con todo esto, es que estoy asustada.
(Yo, y mi maldita necesidad de expresar lo que siento)

5.9.05

Ya me reprendo yo misma

tras el cristal

La noche anterior había llovido barro.
Partimos, sin desayunar.

Desde el interior del coche, miraba el recorrido del agua, y escuchaba la radio.
Escuchaba música, pero no recuerdo qué canción.
Y tú, sonreías, desde fuera, apuntándome con la manguera, como si fuera una pistola. Parecías olvidar que yo estaba protegida por cristales.

Fue cuando empezaste a limpiar la parte de atrás, que me fije en el cielo azul, el muro azul, y la flecha azul. Y me parecieron mentira.

Señales inequívocas, de que nuestro viaje en contra dirección, empezaba entonces.

A veces, recuerdo que no me he despedido del coche, y siento nostalgia.
Pero no quiero sentir nostalgia, por un objeto, nunca más.