Zaragoza en blanco




20.6.05

Facultad de sentir, propia de los seres vivos

35 grados

El sol quema el asfalto, y mi cuerpo se oscurece por partes estos últimos días.
Cuando me quito la ropa, sigo llevando un vestido, de piel más clara, con sus tirantes, su escote, y su falda hasta la rodilla.
Tatuajes, marcas, recuerdos.
Algunos, los menos, perduran para siempre.
Cómo la visión de esta luz, tan intensa, que deshace las siluetas de los edificios.

No sé que va a pasar todavía. Es tiempo de esperar, y eso que la paciencia nunca fue mi fuerte.

Leo el comentario de Nacho:

Y Zaragoza volverá a quedarse en blanco, a ser sólo una estación de autobuses de paso en una ciudad que duerme,... esperando un beso, otro beso.

Recordándome uno de mis primeros escritos, en el mes de septiembre, cuando no tenía ni idea de lo que me iba a encontrar aquí.

Y no sé que pensar, ni que decir.