Zaragoza en blanco




2.6.05

Acción y efecto de cambiar

mi vida gira

Después de pasar casi dos horas sumergida en los apacibles paisajes de El cielo gira, salgo del cine, y me encuentro con un gran edificio de espejos, que se extiende frente a mí, mostrándome la ciudad.
Una ciudad que me resulta extraña, después de ver la película.
Me dirijo hacía la Gran Vía, mientras el ruido de los coches, las luces de los semáforos, el tráfico de gente, me cosquillea la piel como si fuera un ejército de hormigas.
La recorro completa, mientras me paro a mirar las cartas de los restaurantes, las luces de neón, los edificios repletos de pisos, de vidas, de almas, que desconozco.
Me siento bien, y a la vez confundida, porque realmente todo me resulta tan fascinante como si lo viera por primera vez.
Nunca fui tan ajena a ningún lugar, como al salir ayer del cine.
Estiro los brazos, ligeramente, para permitir que el aire caliente me acaricie las muñecas.
Camino, y me voy empapando despacito de todo lo que me rodea.
Cuando llego al Paseo Independencia, el efecto casi ha desaparecido.
Vuelvo a formar parte del asfalto, el ruido y la multitud.
Algo ha cambiado, pero sigo sintiéndome bien, mejor que nunca.