Zaragoza en blanco




30.6.05

Escalofríos

moncayo

Un aire caliente y espeso,
que me eriza la piel
y murmura entre las hojas.

El zumbido de una libélula,
rozando mis hombros
desnudos.

Y tus ojos,
siempre tus ojos.

29.6.05

Mañana de domingo

paseos

Nunca vi un mercadillo igual.
Yo tampoco.
Una bota, un papa noel, un chusco de pan, pilas usadas, tabaco suelto, media puerta, realmente no sabría bien con qué quedarme...
Y este sol, es terrible ¿Pero donde me has traído?
Pues al mercadillo, ya te lo dije, lo que pasa es que hemos llegado muy tarde.
¿Tú crees?
No sé, que más da, el agua de coco estaba buena, ¿verdad?
Sí, además va muy bien para el estómago revuelto.

Mira ese tío como nos mira.
Será idiota, y se gira otra vez.
Y este también, pero ¿Qué pasa?

Oye volvemos por esta calle.
No hay nadie, ¿la conoces?
No, pero se ve La Seo al fondo, ¿La ves?
Ah, si, es verdad, es tan bonita.

Hace rato que no nos cruzamos con ninguna mujer ¿No te habías dado cuenta?
Pues no, entonces ¿nos miraban por eso?
Claro, será por eso.
Vaya, yo que creía que teníamos el guapo subido...

28.6.05

Descargar

esperar

El humo de los autobuses, el ruido de los motores, el calor sofocante.
Un continuo ajetreo, en mi corazón, en la calle.
En el aire, ya se respiraba la tormenta.
Aunque todavía no podían verse las nubes.

Semáforos, pasos, mordiscos.

Hoy espero otra vez la lluvia

27.6.05

De noche

archivos

A veces me da por hacer cosas absurdas.
Influye salir a cenar y beber más vino de la cuenta.
También influye dormir sólo tres horas el día anterior.
Y estar con amigos, pasarlo bien.
Gastar todas las pocas energías de las que normalmente dispongo.

Entonces de madrugada, me pongo a hacer tonterías.
Fotos en la oscuridad, hasta quedarme dormida.
Por la mañana, me esperan cuadraditos negros, con alguna que otra excepción.

Una frase robada, un mensaje, al que después no haré caso.

Archivarlo para siempre

Irreversible.

Demasiado difícil.
En realidad todos mis archivos son recuperables.


O mejor dicho, en realidad, lo que me gustaría es que adivinaras, lo mucho que te echo de menos.

23.6.05

Últimamente pasan cosas raras

en la calle

Anoche, me pareció ver a alguien asomado en la torre de la Magdalena, pero al volver a levantar la vista, ya no estaba.
Quedaba la luz, la misma luz que parpadea en lo alto, todas las noches.
Sola.

Esta mañana, en el barrio del tubo, entre las dunas de serrín, un hombre dormía apoyado en la puerta de un bar. Cómo si fuera una botella olvidada más, descalzo, con el pelo negro y rizado, como un estropajo.
Al pasar a su lado ha susurrado mi nombre, Teresa...
Y no he vuelto a mirar atrás, por miedo a no encontrarlo.

22.6.05

Desembarco

en el aire

Dame un respiro al atardecer,
para permanecer inmóvil,
observándote.

21.6.05

Should I Stay or Should I Go

nómada

Cuando era niña, una vez le contaron que si cuando llovía utilizaba paraguas, las gotas de lluvia se entristecían, al sentirse rechazadas.
Que había que dejarse empapar por la lluvia, que el agua no puede hacer daño.
Pero hoy no tenía ganas de mojarse, ni de pedir disculpas al cielo.
Así que abrió su paraguas, y paseó despacio.
Y en un charco dejó agonizando los remordimientos.

Una nostálgica que sueña ser nómada.
Recordó también que una vez, al leerle las líneas de la mano, le pronosticaron que su vida, iba a estar llena de contradicciones.

20.6.05

Facultad de sentir, propia de los seres vivos

35 grados

El sol quema el asfalto, y mi cuerpo se oscurece por partes estos últimos días.
Cuando me quito la ropa, sigo llevando un vestido, de piel más clara, con sus tirantes, su escote, y su falda hasta la rodilla.
Tatuajes, marcas, recuerdos.
Algunos, los menos, perduran para siempre.
Cómo la visión de esta luz, tan intensa, que deshace las siluetas de los edificios.

No sé que va a pasar todavía. Es tiempo de esperar, y eso que la paciencia nunca fue mi fuerte.

Leo el comentario de Nacho:

Y Zaragoza volverá a quedarse en blanco, a ser sólo una estación de autobuses de paso en una ciudad que duerme,... esperando un beso, otro beso.

Recordándome uno de mis primeros escritos, en el mes de septiembre, cuando no tenía ni idea de lo que me iba a encontrar aquí.

Y no sé que pensar, ni que decir.

18.6.05

No le puse título

mecedora

Acabamos de ver Closer, el tema principal me ha gustado, así que pongo el videoclip una vez, tras otra, mientras me balanceo en mi nueva mecedora.

Siempre quise tener una, la elegimos en una preciosa tienda, que está en la Calle Don Jaime y llegó ayer, justo cuando más la necesitaba.

Me gusta leer en ella, intento memorizar cosas en ella, me parece que es más fácil.

La película me hizo pensar en todas las ilusiones y deseos que proyectamos fuera, cuando el entorno, la luz, o los ojos que tenemos delante nos son totalmente desconocidos. Soñar con lugares distintos, vidas distintas.

Hoy me parece tan absurdo como inútil.

Hoy quiero estar aquí, en este mismo instante, balanceándome en mi nueva mecedora, mientras desde la calle, el ruido de una moto estropea la canción que ya he escuchado cuatro veces seguidas.

Existe ya una fecha aproximada de partida, pero no quiero oírla, sé que me contradigo, pero todavía quedan rincones en este lugar que nunca vi antes, y no quiero irme.

Tu tampoco, así que será cuestión de replantearnos las cosas.

Quedémonos, me dices.

Quedémonos, te digo.

En ese preciso momento el insomnio llama a la puerta. Parece que pretende acompañarme toda la noche.

16.6.05

Saturno

luces rojas

Regreso a la ciudad, y de alguna forma todo empieza a ponerse en su sitio.
Eso me parece. Todo en orden.
Aunque pare ello necesito tiempo.

Si no estoy aquí, es que estoy en todas partes

7.6.05

Ausente

costa brava

Me voy unos días a la playa, al mar.
A descansar, a respirar la sal, a no hacer nada.
Aunque tengo tantas cosas que hacer allí.

Cuando vuelva, puede que nada cambie, y yo siga siendo la misma.
Realmente, tengo serias dudas al respecto.

2.6.05

Acción y efecto de cambiar

mi vida gira

Después de pasar casi dos horas sumergida en los apacibles paisajes de El cielo gira, salgo del cine, y me encuentro con un gran edificio de espejos, que se extiende frente a mí, mostrándome la ciudad.
Una ciudad que me resulta extraña, después de ver la película.
Me dirijo hacía la Gran Vía, mientras el ruido de los coches, las luces de los semáforos, el tráfico de gente, me cosquillea la piel como si fuera un ejército de hormigas.
La recorro completa, mientras me paro a mirar las cartas de los restaurantes, las luces de neón, los edificios repletos de pisos, de vidas, de almas, que desconozco.
Me siento bien, y a la vez confundida, porque realmente todo me resulta tan fascinante como si lo viera por primera vez.
Nunca fui tan ajena a ningún lugar, como al salir ayer del cine.
Estiro los brazos, ligeramente, para permitir que el aire caliente me acaricie las muñecas.
Camino, y me voy empapando despacito de todo lo que me rodea.
Cuando llego al Paseo Independencia, el efecto casi ha desaparecido.
Vuelvo a formar parte del asfalto, el ruido y la multitud.
Algo ha cambiado, pero sigo sintiéndome bien, mejor que nunca.