Zaragoza en blanco




20.5.05

Preludio

esperando

Te espero, para ir a cenar.
Pasan más de diez minutos de la hora prevista, te espero.
Un grupo de turistas pasea ante mí, despacio.
Siento en la brisa caliente, la impaciencia de las noches de verano.
Te espero, y me entretengo mirando la calle.
Me sorprende no haber apreciado su belleza, antes.
Me sorprende encontrar belleza, una belleza real, dolorosa, entre un amasijo de andamios, charcos de orín, y bolsas de basura.
Los gatos escondidos, juegan, maúllan, me acompañan.
Por un momento me siento hipnotizada, atrapada.
Por un momento, ya no te espero.
Simplemente estoy allí, contemplo, y me enamoro de la luz intensa que brilla a lo lejos.