Zaragoza en blanco




23.5.05

Nuevas señales

tuning?

La calle estos últimos días parece una fiesta.

Coches de mil colores, manos de payaso que cuelgan de los árboles, contenedores pintados, rompecabezas gigantes... Además el sábado como estaban probando los altavoces para el Rosario de Cristal, a todo esto había que añadirle música. La gente paseaba y se escuchaba a toda pastilla el tema principal de "Lo que el viento se llevó", casi todo el mundo lo tarareaba, sonreía, o lo seguía con la cabeza.

Me pareció que no sería mala idea dejar esos altavoces en algunas calles, quizá a un volumen más discreto, pero esa sensación de banda sonora era tan agradable.

Cuando era pequeña imaginaba que cuando fuera adulta iría cantando por la calle, como en un musical. Pensaba que era lo normal, y que algún hombre estilo Gene Kelly se enamoraría de mí, al observarme desde la cera de enfrente. Cruzaría, me tomaría del brazo, y nos iríamos juntos bailando.
Nunca pensé hacía a dónde, supongo que a casarnos o algo por el estilo.

Sí, comencé a desvariar muy temprano.

También estaba enamorada de John Travolta y buscaba señales, en las paredes, en el suelo, en las nubes, que me confirmaran que algún día estaríamos juntos.
Apenas sabía contar, pero con ayuda de mi prima calculábamos los años que me faltaban para tener los dieciocho, volar a "la América" como decíamos entonces, triunfar como actriz, conquistarlo y casarme con él.
Recuerdo que pensaba: Casi, por poco, pero todavía no será un viejo del todo.
Ella me torturaba por tener dos años más, decía que cuando yo fuera a "la América", ya me lo habría quitado.

Por eso yo buscaba señales, por ejemplo antes de salir de casa me decía, si encuentro un corazón en la pared, será mío, o bien, si piso alguna raya blanca de un paso de cebra, me moriré antes de los dieciocho y me pudriré en el infierno.
La verdad es que nunca creía en los castigos, pero si me ilusionaban las señales positivas.

Hoy, que disfrutaba de las calles de esta ciudad, que se han llenado de objetos nuevos, inesperados, imprevisibles, me he acordado de esas señales.

He recorrido el Paseo Independencia, leyendo la mayor parte de los escritos que hay colgados, y algunos sí me han dicho cosas, otros no los he entendido. También muchos me han hecho reír, enfadar o suspirar.

Pero lo que más me ha llamado la atención, es que yo estaba tarareando una canción (por dentro, tarareo por dentro) de Falete, que no me la quito de la cabeza desde que tengo las entradas para verlo el sábado, y en el tronco de un árbol, sobre el papel blanco que lo envolvía, he encontrado escrito un trozo de esa canción, no muy grande, pero lo suficiente para identificarlo a primera vista.
Decía:

Dame tu mano sin temor a equivocarte.

Y todavía no he conseguido relacionarlo con nada, pero de alguna forma me ha reconfortado. Algo así como el primer café con leche de la mañana, cuando me levanto temprano, y aún se siente un poquito de frío.