Zaragoza en blanco




6.5.05

La felicidad

el sol

Esta noche vienen a cenar a casa los primeros amigos maños, seremos cinco en total. Estoy contenta, me gusta preparar cenas, me gusta que el comedor se llene de risas, música, y frases interrumpidas. Me gusta el calor de la gente, el que sólo puede dar la gente.

Voy a preparar una cena italiana. Una ensalada de rúcula, parmesano y pera, otra caprese y de segundo spaguetti arrabiata. He comprado también focaccia con olivas, vinagre de modena, chianti classico, lemonchelo de Sorrento y hasta tiramisú para el postre.
No hay nada que me guste más, que un buen plato de pasta. Algunos alimentos no sólo son un placer para el paladar, me entibian el corazón, tienen realmente el sabor de algunos seres queridos.

Por eso me he acercado a Montal a comprar peperoncinis rellenos de atún, entonces si que ya lo tenía todo. Al salir, la violinista de la calle Alfonso tocaba Ave María. He sentido el sol sobre mi piel, mientras a contraluz los milanos danzaban de un lado a otro, y una brisa breve jugaba con mi falda.

Ha sido uno de esos maravillosos momentos, que me gustaría prolongar eternamente.