Zaragoza en blanco




26.4.05

No se daba cuenta

el cazador

Tiendo a idealizar a las personas, no puedo evitarlo.
Una frase pronunciada en el momento justo, un gesto de aparente seguridad,
una luz que revista la piel de una blancura templada... o simplemente algo en común, basta con eso.
Las coincidencias, las malditas coincidencias.
Cómo si compartir el gusto por algo, pudiera dar paso a compartir todo lo demás.
Es absurdo imaginar que conoces a alguien, sólo porque una vez llorasteis con la misma película, o también prefiere comer la pasta con cuchara.
Mi imaginación, siempre adelante, inventa todo lo que no sabe, rellena todos los huecos. De un parecido, saca mil, crea seres que nunca existieron.
Más tarde, los desengaños, las despedidas, los desencantos.
Me siento cruel, por no aceptar a los demás como son.
Por eso me esfuerzo, empiezo otra vez, los miro con ojos nuevos, pongo un empeño en otros, que jamás puse en mí, por comprenderlo todo.
Demasiado complaciente, demasiado.
A algunas personas les desilusiona mi actitud, pensaban al conocerme que yo era una mujer más fuerte, menos dependiente, más segura.
Entonces sueltan aquello de -Me decepcionas.
Y me convierto en el cazador cazado.