Zaragoza en blanco




12.4.05

New York Café

mirón

Me sentía observada en el New York Café.
Un lugar en el que me gusta tomar un cortado rápido antes de ir a comprar, desde el que veo mi casa, tras sus grandes ventanales, y la gente pasar, por San Vicente de Paul de forma interminable.

La primera vez que entré, pedí un bocadillo, el camarero me dijo que mejor pidiera otra cosa, porque era nuevo y además francés, así lo dijo, y además francés, como si eso le excluyera para poder preparar bocadillos. Parece que coincidió mi primera visita con sus primeras horas tras la barra.

A veces me paro a mirarlo, cada vez más seguro, más sonriente, más relajado, tiene una cara agradable, como de actor de comedia. Cuando dice adiós, su tono de voz se eleva cada día un poco más que el anterior.

Desde la barra puedo ver la gente en las mesas, charlando, las parejas cogiéndose de la mano, el abuelo que lee el periódico y que probablemente pase así toda la tarde.

Sorbo mi café, por cierto que cafetera tan bonita tienen, y observo, hasta que el otro día, sin esperarlo, me sentí observada. Busqué, en una dirección, en otra, fuera del bar, en las escaleras, en el agua... allí estaba, dentro de la pecera, asomándose con timidez.

Nunca había visto unos ojos tan expresivos, en un pez.