Zaragoza en blanco




10.4.05

Desconocer

Bebo

Hace sólo unos días escribí esto:

Siento que moriré si ese maldito piano no deja de sonar.
Siento que moriré si ese pianista para de tocar, ahora.
Misty, misty atravesándome, con todas sus notas.
La música acaricia mi alma, y mi piel celosa reclama sentir algo parecido.
Y si puede darse tanta belleza, tan frágil, tan dolorosa.
¿Qué puede quedar que sea imposible?
Escúchame bien,
Nada.


Entonces, todavía no sabía que habías comprando las entradas para ver a Bebo Valdés, creo que ese mismo día me lo dijiste. Entonces no sabía el regalo que la noche de sábado me deparaba. Y Bebo no tocó Misty, pero las sensaciones se multiplicaron, frente a la visión de esas manos huesudas, esas manos sabias, que invadían de música todo el recinto.
Entonces, todavía no sabía que también estaría su hijo, y que tocaría el tema principal de Cinema Paradiso, que tanto me gusta. Que sentiría mi piel desprenderse a tiras, como una naranja, para quedarme sola, desnuda mi alma, frente el sonido de un piano.
No sabía tampoco, que cantaría su hija, con una voz tan potente, como dulce y deliciosa, que conseguiría ponernos de pie, para bailar la negra Tomasa. No sabía que Alma mía se podía interpretar de esa manera, como lo hizo ella.

No sabía, no sé, no quiero saber, prefiero como ayer, que la vida siempre me sorprenda.