Zaragoza en blanco




28.4.05

Espumosos

desayuno

Ayer tenía examen de francés.
Me gusta despertarme temprano para estudiar el día del examen.
En casa no puedo, me distraigo demasiado, no tengo costumbre.

Cuando de niña, en casa de mis padres intentaba estudiar, era imposible, tenía que hacerlo en el comedor, dónde casi siempre mi padre escuchaba música, y mi madre no paraba de hacer ruido de platos desde la cocina. Daba igual el momento del día, entonces tenía la sensación de que él siempre estaba escuchando música y ella haciendo ruido de platos.
En mi cuarto solo era posible permanecer de pie, o tumbada en la cama, no había mucho más espacio, así que empecé por ir a la biblioteca, pero no tardó en agobiarme ese silencio sepulcral que para mí era un gran desconocido.
Probé en casa de las amigas, en los parques, en la clase después de clase, nada, todo era inútil. Fue un poco más tarde, cuando ya casi era una adolescente, que encontré el lugar perfecto, un bar, el bar Estación concretamente.
Me acostumbré a memorizar, removiendo una taza de café con leche, entre las tragaperras, los pedidos, el humo, el tintineo de los vasos y las botellas...
Mucho más ruido que en casa, pero de forma inexplicable, un ruido imperceptible para mí, un ruido, como se suele llamar, de fondo, que siempre me acompañó sin llegar a molestarme.

Así que ahora, cuando tengo examen, me levanto temprano, y a las ocho y cuarto ya estoy en el Espumosos, dispuesta a desayunar y a repasar, como si volviera a la infancia, el dichoso passé composé, que tal como me lo aprendo se me va volando de la cabeza.

Pido un mixto (que hasta hace poco conocía como bikini) y un café con leche. La plancha no funciona, muy bien, pues unos churros, menudo lujo, churros un miércoles.
Quizá será porque los churros los asocio a los días festivos, pero ya no consigo concentrarme.

Me gusta sentarme en la segunda mesa al entrar, de espaldas, para no ver a nadie, tengo así la agradable, aunque absurda sensación, de que yo tampoco soy vista.
No me había dado cuenta antes, pero justo enfrente, casi pegada al techo, hay una tele. Están emitiendo una película, sin sonido, en versión original supongo, porque puedo ver los subtítulos. Kevin Spacey y Cate Blanchett se miran a los ojos, en un primer plano. Creo que esta película ya la he visto.

Me detengo un momento viendo la gente pasar, vuelvo a las hojas, intento conjugar un verbo, parece que me acuerdo, me tranquilizo, ya te lo sabes, me digo, consciente de que me engaño.
Me quedo mirando afuera, ahora arriba, el reloj, la taza.
De pronto en la pantalla, Cate se sube a horcajadas sobre Kevin y comienza a cabalgarlo de forma desenfrenada. Me invade una especie de pudor extraño, como si fuera demasiado temprano, para el sexo televisivo. Me quedo allí de espaldas, sin atreverme a dar la vuelta, para, por lo menos, no tener que compartir la escena con nadie.

Ahora si, seguro, que no me concentro.
Pago en la barra. Por suerte, Kevin vuelve a estar en primer plano, mirando una especie de montaña de hielo.
Me voy a dar un paseo por los alrededores. La verdad es que hace un mañana hermosa.

Sí después de todo también apruebo esta vez, empezaré a pensar, que en otra vida fui francesa.

27.4.05

Recordatorio

mujer

El cuerpo quiere ser mujer. La mujer, cuerpo. El cuerpo sueña ser imagen, pintura, icono, deseo. La mujer anhela ser carne, perfume, abrazo, melodía y volar, siempre volar, volar muy lejos, lejos del cuerpo prisión, cuerpo traicionero, que quiere ser hoy azul, mañana rojo, pasado nada, pasado muerto.
La mujer intenta entender que el cuerpo, su cuerpo ¿suyo? Puede ser fábrica, verdugo, alimento, puede ser un refugio, un poema, una meta, un grito, aunque le gustaría que se limitara a ser, sólo ser, sólo un cuerpo, ser saliva, ser sangre, ser sudor, ser flujo, ser la masa cubierta de piel, la piel desnuda, el placer, ¿de dónde nace el placer? ¿De la mujer? ¿Del cuerpo?, La mujer piensa que el placer nace en los ojos de otro, el cuerpo no piensa, le entristece, el cuerpo se da, el cuerpo se entrega, y la mujer lo recibe, a veces alegre, otras muy confusa, asustada, perdida, sobretodo cuando se para frente un espejo y no logra reconocerlo, ni tampoco reconocerse.

26.4.05

No se daba cuenta

el cazador

Tiendo a idealizar a las personas, no puedo evitarlo.
Una frase pronunciada en el momento justo, un gesto de aparente seguridad,
una luz que revista la piel de una blancura templada... o simplemente algo en común, basta con eso.
Las coincidencias, las malditas coincidencias.
Cómo si compartir el gusto por algo, pudiera dar paso a compartir todo lo demás.
Es absurdo imaginar que conoces a alguien, sólo porque una vez llorasteis con la misma película, o también prefiere comer la pasta con cuchara.
Mi imaginación, siempre adelante, inventa todo lo que no sabe, rellena todos los huecos. De un parecido, saca mil, crea seres que nunca existieron.
Más tarde, los desengaños, las despedidas, los desencantos.
Me siento cruel, por no aceptar a los demás como son.
Por eso me esfuerzo, empiezo otra vez, los miro con ojos nuevos, pongo un empeño en otros, que jamás puse en mí, por comprenderlo todo.
Demasiado complaciente, demasiado.
A algunas personas les desilusiona mi actitud, pensaban al conocerme que yo era una mujer más fuerte, menos dependiente, más segura.
Entonces sueltan aquello de -Me decepcionas.
Y me convierto en el cazador cazado.

25.4.05

Sosiego

colores

También me gusta alejarme de la ciudad, a veces.
Un poco, no hace falta recorrer mucha distancia, para que los horizontes se muestren terrosos, ante mis ojos medio dormidos.
Ayer paramos el coche, para hacer esta foto, y el pastor nos saludó agitando la mano. Un hombre solo, en mitad de la nada, que decía adiós.
Los molinos al fondo, daban vueltas en perfecta sincronía.

24.4.05

Multitudes

personas

Después del calor humano, la sala de cine, fría, oscura, casi vacía.
Ayer vi una película que me gustó muchísimo, Las hermanas enfadadas.
Salí del cine completamente emocionada, con una especie de taquicardia agradable, y me adentré en la tarde, alegre, simplemente alegre, que no es poco.
De vuelta empapándome de gente, con ganas de caminar, de forma interminable, para verlo todo, todo, desde una nueva perspectiva.

23.4.05

Que no se puede comprender

nube inmensa

Pequeña, hoy me siento pequeña.
Mi primer Sant Jordi sin rosa, se llama San Jorge, y saldré a pasear, porque me gusta hacerlo en los días festivos.
Curiosamente, antes no soportaba las multitudes, y ahora me atraen, con la fuerza de un abrazo deseado. Estaré entre un montón de gente, que mirarán libros, que comprarán libros, sabiendo que no los van a leer. Regalarán libros a alguien que tampoco los leerá, y también sabiéndolo de antemano. Sabiéndolo todo, ocultándolo todo.
Y yo no quiero libros hoy, sólo quiero dejar de sentirme pequeña, y rodearme de seres altos, bajitos, obesos, albinos, niñas, ancianos, brazos, bolsos, zapatos, voces, manos, palabras... palabras flotando descontroladas por todas partes. El ruido de los móviles, las ruedas de un carrito, el jadeo de un perro, todos bien apretados, juntitos, compartiendo el mismo espacio.
Debe ser la necesidad de compartir, tiene que ser eso.
Eso o una especie de truco, para dejar de mirar el cielo.
Aunque pensándolo mejor, quizá aquí no sea así, a lo mejor ahora salgo, y descubro que no hay nadie.

22.4.05

Milanos

la primavera

El parque, al lado del río, se ha llenado de milanos.
Los miro a contraluz, meciéndose despacio en todas las direcciones, mientras un diálogo de Amarcord me martillea el craneo, incesante, durante todo el paseo.
Ya llega la primavera, eso debe ser, eso decían en la película, cuando aparecen los milanos, que revolotean, revolotean, revolotean y vagan, vagan, ¡Vagaaaaaan!
Esa voz de doblaje, antigua, la he escuchado tantas veces que se reproduce a la perfección en mi memoria.
Intento pensar en otra cosa, pero soy incapaz.
La primavera, los milanos flotando a mi alrededor.
La sensación total de calma, en la repetición de una frase ajena, que acalla por fin mi mente.
Mi mente, mi cabeza, esa lavadora que siempre está en marcha, vueltas y más vueltas, siempre inquietándome.

21.4.05

Cercanía

la mona al sol

Cielos nublados en los que de repente el sol aparece, como un secundario de lujo, y se cuela por mis ventanas, formando mosaicos en el suelo.
A mi pantera le gusta tumbarse al sol, y este clima caprichoso la obliga a cambiar varias veces de sitio.
Puede llegar a ser tan hermosa, cuando se abandona así, al calorcito de un rayo que le acaricie el pelo.
Entonces yo la abrazo, muy fuerte, como si fuera un peluche.
Y dejo de sentirme sola, al abrigo de su recio cuello.

17.4.05

Haz memoria

puenteverde

Casi nunca cruzo al otro lado del puente. No por ningún motivo en especial, los días pasan, las horas avanzan, tan rápido, y hay tantas cosas que hacer. Siempre a este lado, nunca al otro, del que prácticamente no sé nada.
Una mañana de domingo, paseando, llegué a la orilla contraria, la que siempre miro de frente. Sentí curiosidad, de conocer más, de verla mejor, con más tiempo, eso pensé, volverás con más tiempo.
Después me olvidé.
A veces tengo un poco de miedo, de tener que irme un día, a otro lugar, y haberme perdido la mayor parte de esta ciudad, por mi mala cabeza.

15.4.05

Parecidos

puente

Ese puente me recuerda a otro puente, al que seguramente no se parece en nada.
Porque ha pasado tanto tiempo, que ni siquiera estoy segura de sí lo vi, o simplemente lo imaginé, y se acomodó en mi memoria.
Soy sincera si te digo que apenas pienso en ti, y las pocas veces que lo hago, prácticamente ya no siento nada. Eres un poco como ese puente, ya no estoy segura de haber tenido algo en común contigo, en el pasado.
A veces me sorprendo de ser así, me pregunto si no será que me estoy volviendo un poco insensible, pero luego me desmonto ante la visión de un simple trozo de piedra, que me aclara todas las dudas, tiñéndome de nostalgia.

14.4.05

Piratas

su bandera

Se dice de ellos que son personas crueles, despiadadas.
Yo nunca he podido evitar tenerles cierta simpatía, a los piratas y a las personas mezquinas.
No importa lo mal que lleguen a comportarse, a veces me basta un guiño, una sonrisa, una palabra amable para olvidar. Otras es suficiente un atisbo, sutil, diminuto, de sensibilidad para esforzarme en comprender, y si no comprendo, inventar, los motivos de su crueldad.
Y es que a veces, los piratas, los malos de la película, los que te causan la llaga, para después hurgar en ella, se me antojan los seres más débiles, frágiles, y desvalidos de la tierra.
No sé si será instinto maternal, de protección, empatía, o el tener un alma bandolera, que todo lo perdona, con la esperanza de que también, cuando llegue el momento (que siempre llega) todo me sea perdonado.

13.4.05

Nuevas adquisiciones

juntitos

La feria del libro Antiguo es bastante pequeña, pero encontré estos dos tesoros.
Por si a alguien le interesa, en la última caseta, frente a la universidad de medicina, todavía les queda un ejemplar del diario cuarto y otro del quinto de Anaïs Nin.

El chico que atiende es muy simpático, aunque revisando libros casi le desmonto media parada.

Que no, que no, que dijo que había sido él.

Aunque quizá fue el viento, porque ¡cómo soplaba ayer por la tarde!

12.4.05

New York Café

mirón

Me sentía observada en el New York Café.
Un lugar en el que me gusta tomar un cortado rápido antes de ir a comprar, desde el que veo mi casa, tras sus grandes ventanales, y la gente pasar, por San Vicente de Paul de forma interminable.

La primera vez que entré, pedí un bocadillo, el camarero me dijo que mejor pidiera otra cosa, porque era nuevo y además francés, así lo dijo, y además francés, como si eso le excluyera para poder preparar bocadillos. Parece que coincidió mi primera visita con sus primeras horas tras la barra.

A veces me paro a mirarlo, cada vez más seguro, más sonriente, más relajado, tiene una cara agradable, como de actor de comedia. Cuando dice adiós, su tono de voz se eleva cada día un poco más que el anterior.

Desde la barra puedo ver la gente en las mesas, charlando, las parejas cogiéndose de la mano, el abuelo que lee el periódico y que probablemente pase así toda la tarde.

Sorbo mi café, por cierto que cafetera tan bonita tienen, y observo, hasta que el otro día, sin esperarlo, me sentí observada. Busqué, en una dirección, en otra, fuera del bar, en las escaleras, en el agua... allí estaba, dentro de la pecera, asomándose con timidez.

Nunca había visto unos ojos tan expresivos, en un pez.

10.4.05

Desconocer

Bebo

Hace sólo unos días escribí esto:

Siento que moriré si ese maldito piano no deja de sonar.
Siento que moriré si ese pianista para de tocar, ahora.
Misty, misty atravesándome, con todas sus notas.
La música acaricia mi alma, y mi piel celosa reclama sentir algo parecido.
Y si puede darse tanta belleza, tan frágil, tan dolorosa.
¿Qué puede quedar que sea imposible?
Escúchame bien,
Nada.


Entonces, todavía no sabía que habías comprando las entradas para ver a Bebo Valdés, creo que ese mismo día me lo dijiste. Entonces no sabía el regalo que la noche de sábado me deparaba. Y Bebo no tocó Misty, pero las sensaciones se multiplicaron, frente a la visión de esas manos huesudas, esas manos sabias, que invadían de música todo el recinto.
Entonces, todavía no sabía que también estaría su hijo, y que tocaría el tema principal de Cinema Paradiso, que tanto me gusta. Que sentiría mi piel desprenderse a tiras, como una naranja, para quedarme sola, desnuda mi alma, frente el sonido de un piano.
No sabía tampoco, que cantaría su hija, con una voz tan potente, como dulce y deliciosa, que conseguiría ponernos de pie, para bailar la negra Tomasa. No sabía que Alma mía se podía interpretar de esa manera, como lo hizo ella.

No sabía, no sé, no quiero saber, prefiero como ayer, que la vida siempre me sorprenda.

7.4.05

El día menos pensado

la casa rosa

Un día para sentirme viva,
con la intensidad del condenado.
Para bailar descalza,
hasta desvanecerme.
Para susurrarte mis sueños,
sin temor a perderlos.

Un día para reconocer los colores
Que no sabía ver antes.

5.4.05

Presente

desde el coche

Dentro del coche, veo resbalar la lluvia sobre los cristales. La ciudad gris, afuera.
Entonces comienza a sonar Richard Marx en la radio, cuanto tiempo, no puedo creerlo, cuantos años sin escuchar esa canción.

Y de pronto vuelvo a tener doce años, dentro del coche, y vuelvo a bailar con un desconocido, viendo la lluvia resbalar sobre los cristales.
Vuelvo a sentir el primer beso, el primero, y ya lo di a la persona equivocada.
Sin pensar, sin tomar conciencia que no habría más primeros besos.
Sabía a coca- cola desbravada, la misma música, no recuerdo su nombre, sólo sé que lo hice para impresionar a otro, otro que nunca me hizo ni caso.

Nos perdemos por calles que no conozco, cambiamos emisora, no siento nostalgia, solo frío.
El frío de una tarde de invierno, que no fue más que eso.

3.4.05



Cuando lees un libro, y te gusta, sientes como una especie de vacío cuando se acaba, te faltan esas letras.
A la vez, si te gustó realmente, si te gustó mucho, sientes que te llevaste algo, que cambiaste, que creciste, que tuviste suerte al leerlo.
Entonces es cuando te dan ganas de que lo lea todo el mundo, y eso es lo que me pasa ahora, así que si os apetece leer un buen libro, pero bueno de verdad, lo podéis comprar en el blog de Bruno, el autor.

2.4.05

A cambio de

lluvia

Llueve y no me apetece salir a la calle, he dormido tres horas, creo. ¿Por cuantos bares pasamos? No lo recuerdo, por todos, es posible, en una noche larga, apacible, repleta de gente, paseando, bailando, bebiendo, riendo, gente por todas partes, y dije muchas tonterías, eso seguro, siempre lo hago.
Terminé por aceptar mis salidas de tono.
Llueve y no me apetece salir a la calle, pero guardo una carpeta repleta de cielos nublados, por suerte.
Ventanas, para cuando no tengo ganas de asomarme al mundo.

1.4.05

Delicias

desayunar

Y si mañana sale el sol, quiero volver a la misma terraza a tomar un café con leche, y unos churros, porque sí, porque el café sabe mucho mejor cuando el sol calienta, porque me recuerda a Cádiz, porque me apetece, porque ¿qué sería de mí, sin esos pequeños momentos?