Zaragoza en blanco




29.3.05

Formas de mirar

mira

En el cristal de la puerta, escritas con letras doradas, cada mañana me encuentro con estas palabras:

Sólo necesito
tu voz
para soñar con volcanes
dormidos


Y unos días es mi voz, otras la tuya.
A veces una voz que se perdió, en el tiempo, en la memoria, que me susurra en sueños. Sueños que no suelen repetirse, y que se deshacen al despertar.
También pienso en otras voces, las voces que no escuché nunca, las voces escritas, las que permanecen dentro de las palabras, y se cuelan directamente por los ojos al alma, sin pronunciar sonido.
Hoy recuerdo el silencio inquietante del mar, meciéndome frente al Vesubio.
Hoy es la voz de Sorrento, la que me late en las sienes.