Zaragoza en blanco




18.2.05

Tentaciones

desde la terraza

Es un peligro tener la plaza Santa Marta, tan y tan cerca.
Para los domingos de luz, sueño y pereza. Para las noches en que estamos demasiado cansados, y nos queremos premiar con un sabor a mar, una copa de vino, una charla tranquila sentados en una barra.
Hay tantos lugares para elegir, el ambiente, el paseo de antes o después... todos me gustan, pero mi preferido es el Tragantua, con sus almejas de carril, las ostras, las cigalas, las croquetas de jabugo, uy, demasiado temprano para pensar en todo esto, mientras desayuno unas tristes tostadas.
Además el camarero del Tragantua es un sol, y se utiliza mucho este adjetivo, pero realmente no se tiene en cuenta su significado, lo comprendí al conocerlo, porque realmente él si ilumina, con su sonrisa, con sus ojos azules de gato, con las historias que nos regala cuando hay poco trabajo y puede pararse a hablar.
En fin, lo que yo decía, demasiado cerca la plaza, y mi voluntad, chiquita, chiquita, no consigue retenerme en casa. A veces pienso que quizá me la dejé en Barcelona.