Zaragoza en blanco




8.2.05

Llueve

oscuro

Amanezco en la oscuridad. Por primera vez desde que estoy aquí, siento frío al levantarme de la cama. Está lloviendo, presiento la humedad en mi cuerpo antes de asomarme a la ventana y me sobrecoge la nostalgia, de todos esos despertares helados, en pisos sin calefacción, donde me abrigaba más para dormir que para salir a la calle. Ayer la bajé demasiado, en un rato entraré en calor.
Quizá eso me anime, la lluvia me entristece, en invierno. En verano me encanta, total, puedes empaparte de pies a cabeza, si hace calor te secas en un momento, el agua se agradece. Pero que tonterías digo, el agua siempre se agradece, y hace tanto tiempo que no llovía... aun así, los brazos me pesan, no recuerdo donde puse el paraguas y solo me apetece dormir.
En el fondo, ni yo misma me creo mis propias excusas, hoy tengo que hacer algo por mí, pretextos, eso busco, cuando tengo que hacer algo por mí, siempre sucede algo que me deprime, que me impide, déjalo para mañana, cuando no llueva, cuando no tengas la regla, cuando se te pase el dolor de cabeza, la melancolía, la pereza, la cobardía. Cobarde, ese sigue siendo mi verdadero nombre.
Quizá será mejor que deje de escuchar C'est en septembre, y suba las persianas. Soy yo, no es la lluvia, basta de engaños, a la calle, a tomarme un chocolate con churros o a tirarme de cabeza a un charco, algo tengo que hacer, porque así no me gusto, no me creo, no me entiendo, resumiendo, no me soporto.