Zaragoza en blanco




25.2.05

Dispersión

fueradentro

Echo de menos la calle estos días, no tengo tiempo de pasear, pero la calle me llama, desde las ventanas, los bares, las plazas, los edificios de colores, me pide que pare, pero yo camino deprisa, rápido, a todas partes, y miro, sí, pero no contemplo, como me gusta y le gusta.
Es lo que pasa cuando tengo prisa, que me disperso, una vida dentro, otra fuera, la que imagino que me pierdo, y la que tengo agarrada en pleno entre estas cuatro paredes.
Y mientras yo me sumerjo en el eterno despiste, siguen pasando cosas, como la nieve, que me detienen, que me obligan a abrir bien los ojos, a sentir y sentirme, aunque solo sea unos instantes.
Hoy, fuera, en la esquina de esta manzana, la gente se apelotona alrededor de una hormigonera volcada. Dentro, en el comedor de mi casa, el tronco de brasil me regala una flor, nueva, desconocida, que inunda mis sentidos con su olor a jazmín.

23.2.05

Más en blanco que nunca

nevando

Ayer debía haber sido un día de jaleo, ajetreo, prisas, eso pensaba al despertar.
Una ducha rápida, más deprisa, mi mente se acelera mientras me estoy vistiendo, cuando miro por la ventana. De repente se para todo, el pensamiento repetitivo que daba vueltas en mi cabeza, la respiración agitada, los gestos bruscos para bajarme el jersey... Está nevando.
Me olvido de la mañana que me espera, de la hora, de la urgencia, de los agobios, de que no me he puesto los pantalones, me olvido del frío, me olvido de todo.
Abro de par en par las ventanas y saco mis brazos a fuera para ver el contraste del blanco de los copos, con el color de mi piel.
Está nevando, y me tomo el día libre, para pasear, hacer fotos, hundirme en la nieve, tocarla, pisarla, mirarla de cerca, nunca antes había visto nevar así, nunca pensé que era capaz de relajarme en unas décimas de segundo.

21.2.05

Despedida

un largo pasillo

El pasillo está frío a las seis de la mañana, quizá es un poco más tarde, aunque todo sigue oscuro. El calor de los abrazos no es suficiente, son abrazos de despedida.
La estación de autobuses fue mi primera imagen de Zaragoza, durante años, lo único que conocía de la ciudad. Un paro de quince minutos en el camino a Madrid, una terminal sucia y amarillenta, helada en invierno y asfixiante en verano.
Aún así, he vivido en ella momentos realmente felices, en los viajes, en los encuentros con los seres queridos, cuantas sonrisas flotando en la estación, esperas, recuerdos...
Parece que estoy siempre allí, los ojos acuosos, agitando la mano en el aire, mientras un autocar se marcha

19.2.05

Visitas

Frank Sinatra de fondo, un día de sol. Preparo té y zumo de naranja. La ducha ocupada, vamos haciendo turnos. Estamos juntas, charlando, riendo, y un desayuno puede durar horas.
Que alegre está la casa cuando se llena de amigas.
Solo quería escribir, que ahora mismo, en este preciso instante, me siento muy feliz.

18.2.05

Tentaciones

desde la terraza

Es un peligro tener la plaza Santa Marta, tan y tan cerca.
Para los domingos de luz, sueño y pereza. Para las noches en que estamos demasiado cansados, y nos queremos premiar con un sabor a mar, una copa de vino, una charla tranquila sentados en una barra.
Hay tantos lugares para elegir, el ambiente, el paseo de antes o después... todos me gustan, pero mi preferido es el Tragantua, con sus almejas de carril, las ostras, las cigalas, las croquetas de jabugo, uy, demasiado temprano para pensar en todo esto, mientras desayuno unas tristes tostadas.
Además el camarero del Tragantua es un sol, y se utiliza mucho este adjetivo, pero realmente no se tiene en cuenta su significado, lo comprendí al conocerlo, porque realmente él si ilumina, con su sonrisa, con sus ojos azules de gato, con las historias que nos regala cuando hay poco trabajo y puede pararse a hablar.
En fin, lo que yo decía, demasiado cerca la plaza, y mi voluntad, chiquita, chiquita, no consigue retenerme en casa. A veces pienso que quizá me la dejé en Barcelona.

17.2.05

Soy previsora

sol en la plaza

Guardo el rayo de sol
que me regalas todas las mañanas,
para no encontrarme desnuda
ante los días oscuros.

16.2.05

Percepciones

tic tac

No pasa el tiempo en la oficina de correos, si miro al techo la sensación es de que hace ya mucho que se detuvo. Más de veinte números por delante, y la gente sigue entrando, no sé bien donde ponerme, con las bolsas de la compra, los libros de francés, el abrigo, el sobre... y noto que alguien me está mirando. Intento localizar quién es, pero no puedo, me cambio de sitio, y la mirada sigue pesando.
Estoy cada vez más nerviosa, sigo al reloj, espero, mi pie se balancea, arriba y abajo. Quería darle un beso a la carta antes de enviarla, pero no me atrevo, cierro los ojos un instante y se lo doy con el pensamiento, mientras la aprieto un poquito más fuerte.
Por fin llega mi turno, pago, guardo las monedas, me muevo con la torpeza de un pato, salir, quiero salir, por fin en la calle.
Paseo Independencia, camino deprisa, el viento me empuja en todas las direcciones, respiro muy hondo, y empiezo a sentirme cada vez mejor, la música me acompaña, la tensión desaparece, sonrío, cada vez más lejos, aunque todavía siento algo latiendo en mi cuello, y bombea a un ritmo que no es el mío.

15.2.05

Acción de buscar

quién eres?

Busco una inspiración porque hoy desperté desierta, de ideas, de ganas, hoy mi cabeza se escapa a resolver cosas prácticas, y no me hace caso, no quiere darme nada.
Miro las fotos que hice el fin de semana, en la montaña, en la ciudad y veo árboles por todas partes, a contraluz, desnudos, cubiertos de hiedra, solos, en fila, ramas retorcidas, troncos abiertos, raíces que sobresalen en la tierra.
Y es verdad que desde que estoy aquí, aprendí a mirar los árboles de otra manera, cuando paseo, desde casa, tras la ventana del autobús... incluso por momentos todo desaparece, solo quedan ellos.
Me aportan algo, algo que puedo sentir pero no puedo explicar.
Me lleno los ojos de árboles, de siluetas que se me antojan sedientas en invierno. Mientras conservo en las manos, el tacto rugoso de un corazón de madera.

14.2.05

Condiciones

donde empieza

El otro lado de la calle, la segunda opción, la alternativa, el quizá o el puede, todos los grises que soy capaz de recorrer.
La cara opuesta, la oculta, un espacio propio, infranqueable, compuesto por esas cosas que me avergüenza mostrar.
Salgo al balcón, y puedo girar la cabeza, aquí o allá. Como hoy mirando el otro lado de la calle.
Cierro los ojos, para también elegir. Y a veces veo solo lo que quiero ver.

12.2.05

Y allí donde voy, agua

añón

En la vieja lavandería quedó suspendido en el aire el olor a complicidad.
Entre mujeres, lavando juntas, charlando, riendo, cantando... cuantos secretos confesados de rodillas, con las manos enrojecidas y los dedos arrugados.
Soñadoras, viejas, niñas, escandalosas, indecisas, alegres, luchadoras, todas, hasta la mujer cansada que frotaba la ropa en silencio.
Imagino la espuma del jabón formando un arco iris sobre el agua.
Imagino una vida llena de momentos compartidos

11.2.05

Metamorfosis

edificios

Bloques altos, muy altos, apuntando al cielo. Están aquí, los miro, y sé que podrían estar en cualquier parte. Iguales a tantos otros lugares.
Y me pregunto si yo también podría estar en cualquier parte, y si en otro lugar hubiera hecho lo mismo que estoy haciendo aquí.
Cambios y cambios, qué parte de ellos nace en mí, qué parte nace de esta ciudad.

10.2.05

Aquí o allá

angelitos

Personas que me cruzo un día, otro, personas que recuerdo, sin saber quien son.
La mujer de las palomas, la violinista de la calle Alfonso, el marinero sin mar, el hombre del vino y la ensalada, el rockero que silba a todo pulmón, el trompetista del paseo Independencia, el hombre gigante que espera en la puerta del supermercado...
La mayoría de las veces sus caras son las únicas que reconozco al pasear, me hacen compañía. En ocasiones me sonríen, o yo les sonrío, en ocasiones no me ven, o no los veo.
Lo que de verdad me gusta, es imaginar que son ángeles.
Los ángeles de esta ciudad.
Imagino que cuidan de mí, cuando yo no sé hacerlo.
Que se desprenden de sus alas para abrigar mi nuca, por todos esos días en que olvido la bufanda.

9.2.05

Para bombear

debajo

Creo que se llama Puente de las Fuentes, tampoco estoy muy segura porque nunca consigo interpretar en un mapa lo que está en una dirección o en otra. Se llega paseando por un parque, siguiendo el sonido de los tambores, porque además de parque parece que es local de ensayo algunos días.
Antes de que anochezca del todo, crece el arco del puente y se torna majestuoso desde abajo, me gusta contemplarlo con el tam-tam de fondo.
Un hombre pasa a mi lado, caminando sobre el filo que bordea el césped, hace equilibrios para no caerse. Como los niños, pienso, mientras me subo yo también, y me balanceo, intento seguir el ritmo de las luces que bailan sobre el agua. Ellas me responden con guiños de complicidad, que son destellos, que resplandecen.

8.2.05

Llueve

oscuro

Amanezco en la oscuridad. Por primera vez desde que estoy aquí, siento frío al levantarme de la cama. Está lloviendo, presiento la humedad en mi cuerpo antes de asomarme a la ventana y me sobrecoge la nostalgia, de todos esos despertares helados, en pisos sin calefacción, donde me abrigaba más para dormir que para salir a la calle. Ayer la bajé demasiado, en un rato entraré en calor.
Quizá eso me anime, la lluvia me entristece, en invierno. En verano me encanta, total, puedes empaparte de pies a cabeza, si hace calor te secas en un momento, el agua se agradece. Pero que tonterías digo, el agua siempre se agradece, y hace tanto tiempo que no llovía... aun así, los brazos me pesan, no recuerdo donde puse el paraguas y solo me apetece dormir.
En el fondo, ni yo misma me creo mis propias excusas, hoy tengo que hacer algo por mí, pretextos, eso busco, cuando tengo que hacer algo por mí, siempre sucede algo que me deprime, que me impide, déjalo para mañana, cuando no llueva, cuando no tengas la regla, cuando se te pase el dolor de cabeza, la melancolía, la pereza, la cobardía. Cobarde, ese sigue siendo mi verdadero nombre.
Quizá será mejor que deje de escuchar C'est en septembre, y suba las persianas. Soy yo, no es la lluvia, basta de engaños, a la calle, a tomarme un chocolate con churros o a tirarme de cabeza a un charco, algo tengo que hacer, porque así no me gusto, no me creo, no me entiendo, resumiendo, no me soporto.

7.2.05

Alternativas

grande

Desde que estoy aquí, se me ha llenado la vida de pequeños silencios, de palabra escrita, de contemplaciones. Y hay días en que me parece que todo está fuera, que soy aire, que floto a la deriva, invisible, con tanto por descubrir, y quiero empaparme de todas las cosas, pero no es posible con tan poca consistencia, ser una esponja.
Y otros días, me expando, me disuelvo, me reparto por todas las calles, reflejando el azul del cielo. Siento, soy, respiro, crezco y toco las nubes con solo ponerme de puntillas.
Muchas veces me parece llevar toda una vida aquí, otras abro bien los ojos y no sé dónde me encuentro. Como cuando me reconozco en el cristal de un escaparate, sonriendo, y unos minutos después no recuerdo quien soy.

6.2.05

Placeres

costillitas

Abrir las ventanas para recibir el aire, el sol, el murmullo de tanta gente que gasta la mañana de domingo. Dormir mucho, dormir más. Pasar el día en pijama, tu pijama, el que casi se me cae cuando me pongo de pie. Disfrutar de una película sobre la alfombra. Improvisar una comida de lujo, también sobre la alfombra.
Soñar, brindar por los sueños, comer con las manos, bebernos las palabras.

5.2.05

En el parque grande

respira

Me pareció al verla que acababa de salir del agua, entre olas rotas y corrientes, con un trofeo en las manos.
Y siempre que vuelvo, lucha contra la misma tormenta.
Y siempre llego en el momento justo en que abandona el mar.

4.2.05

De frente

el hostal

Dentro de un rato saldrá a limpiar las ventanas, lo hace en días alternos, todas las mañanas, habitación por habitación, pasa la aspiradora, hace las camas, saca el polvo, pero solo puedo verla bien cuando se asoma con su trapo gris a sacar brillo a los cristales. Algunas veces se inclina tanto que parece que va a caer, me inquietaba los primeros días, ahora ya me acostumbré, como supongo que se habituó ella a la ausencia de vértigo con el paso de los años.
Observo su rutina y me pregunto si ella también observa la mía, me dan ganas de salir al balcón para gritarle, ¿Piensas en mí, algunas veces?
Sí, solo eso, me gustaría creer que alguien me piensa en este momento

3.2.05

Mi Teatro

mírame

Los ojos de Eusebio Poncela lo abarcan todo. Macbeth agoniza y me dan ganas de subir al escenario para agarrar su mano, muy fuerte, esa mano que tiembla en el aire, como temblaba mi conciencia apenas hace unos minutos.
Antepones el no me atrevo, al quiero, gritaba ella. Y sigue gritando, aquí, mientras escribo esto.

2.2.05

Ellos dicen

silueta

En clase me llaman la catalana, curioso, en Cataluña era más bien una mezcla, un poquito como allí se dice "xarnega", pero aquí no, aquí soy la catalana, y me hace gracia. Yo les digo que ahora soy maña, que ya me empadroné en el ayuntamiento, pero nada, ni caso, catalana por aquí, catalana por allí, y yo, que me siento de todas partes, o de ningún sitio, depende del día, me río con ganas, con sus bromas y sus imitaciones de acento, que tampoco tengo.
Porque en clase me hacen reír, todos los días. Mientras el profesor explica cosas que a veces no entiendo y se me enrojecen los ojos de tanto mirar la pantalla del ordenador. Todas las tardes, me esfuerzo o me aburro, me asusto, memorizo, aprendo, olvido, me equivoco, todas las tardes cometo errores, y algunas me saturo, como las carreteras en verano. Necesito aire, oxígeno, necesito deshacer el nudo que tengo en la cabeza.
Entonces salgo a la calle, para disfrutar de mi oasis particular, esa silueta recortada a lo lejos, que me transporta a otros momentos, otros lugares... atardeceres que me gusta acumular en mis retinas.
Inevitable perder un suspiro, y con él desprenderme de todas las tensiones, los miedos, las dudas, del ¿qué hago yo aquí? Catalana me llaman, pero entonces siento, realmente, que mi única patria es la belleza.

1.2.05

Hace algún tiempo escribí...

el Ebro

La mujer de agua cambia de color a cada paso. Está formada por lágrimas, sudor, saliva, rocío y lluvia. Cuando hace mucho frío no tiembla pero cuando sopla el viento se le ensanchan las caderas. Tiene algas en el pelo y arena en el ombligo.
La mujer de agua siente nostalgia al ver los ríos. Sabe que debe volver al mar, aunque no se atreve.
Prefiere seguir siendo la mujer de agua sobre un desierto de asfalto.