Zaragoza en blanco




19.1.05

Y se escapó de la foto

la colometa

Los ojos azules, el pelo corto, los guantes rotos, pequeña, viva, de tiempo indefinido. Se mueve entre el enjambre de palomas que ella misma ha creado, fluye, las llama, las alimenta y después se marcha, corriendo, como si acabara de cometer un delito grave.
Yo me quedo con su figura, que se aleja deprisa, dándome a la espalda.
La primera idea que me aborda es que debe sentirse muy sola para buscar el cariño de unos pájaros. Porque esa es la sensación que me da, que se abrazaba a las palomas, para llenar un vacío, o para cubrirlo con un vendaval de aleteos incontrolados.
La segunda idea, es que debo haberme vuelto muy egoísta, demasiado, para pensar que solo nos damos para combatir la soledad.