Zaragoza en blanco




10.1.05

En casa

llegando

Ya queda poco para salir de la autopista, no solo el desierto habla, también la niebla, y el hielo. Pedacitos de hielo que se han pegado al retrovisor, como forma de aviso, en Zaragoza hace frío, mucho, muchísimo frío.
Ayer me tomaba una caña en una terraza de Barcelona, el sol en la cara, las hojas de los árboles todavía cayendo, como si el otoño acabara de empezar. En momentos así, me parece que el clima es igual en todas partes, un poco más, un poco menos. Me equivoco, hoy lo sé, la próxima vez que me pase, seguro que lo vuelvo a olvidar.
Cuanto más avanza el coche, menos grados marca el termómetro, pero también más calmada me siento. ¿Qué tendrá esta ciudad que me pacifica?
Zaragoza es mi evasión, mi válvula de escape, un lienzo por estrenar en el que por fin, por primera vez en mi vida, yo elijo los colores.