Zaragoza en blanco




31.1.05

Divagando

se va

No sé por qué, pero ver a un desconocido alejarse, de espaldas, bajo un sol de invierno, me produce nostalgia. La misma nostalgia que a veces siento por lugares en los que nunca estuve o por momentos que nunca he llegado a vivir, ni viviré, probablemente.
Algún día recordaré mi estancia aquí, y pensaré que fue maravillosa.
Mi gran suerte es que me doy cuenta ahora, sin la necesidad de irme.
Antes, hay mucho tiempo perdido antes, y quizá eso es lo único que me pesa en el alma.