Zaragoza en blanco




26.1.05

Cómplices

ya en casa

Algo que me permite el frío es ponerme gorro, o sombrero, no estoy segura de como se dice. En Barcelona nunca lo necesité, y usarlo por capricho siempre me dio vergüenza.
En cambio aquí salgo a la calle con el sombrero (o gorro) que me regalaste, el verde pistacho, el que en la silueta que forma mi sombra tiene un aire de los años veinte.
Camino, entre el aire que corta.
Imagino que a poca distancia, me estás siguiendo, y gravas mis movimientos en blanco y negro, para poder realmente retroceder en el tiempo.
Un paso tras otro, tu corazón late al mismo ritmo que mis caderas, tic tac, un dos, tic tac...una vuelta a la manzana, algo brilla sobre el asfalto, me acerco, es una cabeza de atún, y con su ojo muerto me está mirando.
Pestañeo, parpadeo, y sigo adelante.
Realmente algunos días todo se confabula para hacerme creer que vivo en un sueño.