Zaragoza en blanco




12.1.05

Clases de buceo

allá voy

Esta mañana todo volvió a su sitio, las clases de francés, el camino, pasear, sentirme bien, despertar temprano y sentir el frío en la cara, como una caricia envolvente, como un letrero luminoso que parpadea y me grita ¡despierta!.
Y eso hago, abro bien los ojos, no quiero perderme nada.
El cielo es blanco, la niebla suaviza los bordes de los edificios, las esquinas, las aristas de los balcones.
La niebla apaga los colores, todo es tenue, acogedor, amable.
Me invade una sensación de irrealidad, de cuento, al rozar con la piel las gotas diminutas que el aire reparte.
Me adentro en la niebla, en la ciudad, en un miércoles cualquiera.