Zaragoza en blanco




31.1.05

Divagando

se va

No sé por qué, pero ver a un desconocido alejarse, de espaldas, bajo un sol de invierno, me produce nostalgia. La misma nostalgia que a veces siento por lugares en los que nunca estuve o por momentos que nunca he llegado a vivir, ni viviré, probablemente.
Algún día recordaré mi estancia aquí, y pensaré que fue maravillosa.
Mi gran suerte es que me doy cuenta ahora, sin la necesidad de irme.
Antes, hay mucho tiempo perdido antes, y quizá eso es lo único que me pesa en el alma.

30.1.05

San Valero

La calle es una fiesta

Instrucciones para disfrutar de un día festivo:
(o cómo aprovechar que te olvidaste de hacer la compra, no tienes nada en casa y todo está cerrado, así que mejor pasar todo el día en la calle).


- Tomar un buen desayuno, compartido.
- Pasear en la ribera del Ebro, con el cierzo de cara, respirando hondo para recuperar la sensación placentera de estar buceando.
- Visitar la exposición La seducción de París, descubrir que el museo Camón Aznar es un lugar precioso, y planificar mentalmente millones de repetidas visitas.
Sorprenderme con los ojos marrones de un niño que no puede parar de mirar el perro andaluz. Escuchar el tango y descubrir pinturas y pintores.
- Perseguir la banda sonora de Amelie por la calle hasta caer en una fiesta infantil, bajo un cielo de pelotas de colores, donde no me dan roscón porque tengo más de doce años.
- Pasear, de nuevo, y descubrir que la violinista de la calle Alfonso odia las fotos, pedirle disculpas, borrar la imagen, y seguir andando para encontrar mucha más música en todas partes.
- Tomar una cañita primero y un penalti después, y unas anchoas con cazalla, que aunque suene raro, están buenísimas.
- Comer en la barra de un bar, donde a alguien le suena mi cara, porque casualidades de la vida, vive en la calle donde yo vivía, cuando vivía en Cornellà. Llegar a la conclusión de que el mundo es muy muy pequeño y que esté donde esté siempre me encontraré gente de Cornellà (y yo feliz).
- Iniciar un misterio alrededor de un hombre, aparentemente francés, con el que he coincidido en dos restaurantes y siempre pide una botella de vino y una ensalada. Come sólo entre el bullicio, tan ajeno a todo que parece realmente un holograma. Es muy elegante.
- Discutir antes de ir al cine, y no ir al cine.
- Reconciliarme, reconciliarnos, y salir a pasear de nuevo.
- Cenar en el club náutico, viendo el agua bajar a toda prisa. Probar el bogavante con arroz y descubrir que me gusta más el arroz que el bogavante. Un sabor nuevo. Subir al bar de arriba, y huir corriendo después de ver el panorama.
- Seguir corriendo hasta la plaza del Pilar, y recorrerla sin gente, solo viento, piedra, y sensaciones.
- Y empezar la noche, olvidándolo todo.





29.1.05

Aunque ya se ha hecho tarde

la esquina

Tenía previsto contar como fue el concierto de ayer. Intento describirlo, mientras una vez y otra escucho la canción número trece. No puedo, no mientras detrás de la ventana la noche siga siendo roja.

27.1.05

Hedonismo

nubes en los galachos

Hoy me he levantado más tarde que nunca, me apetecía quedarme en la cama, despierta, con los ojos cerrados, escuchando los cánticos que creo vienen del Pilar.
Después la ducha eterna, la música bombeando, el vaho, las cremas, es tan tarde que decido mejor que hoy sea un día sin prisas.
Salgo a pasear con la mona, despacio, siguiendo el sol por las calles, caminando por todos nuestros rincones favoritos.
Me he dejado el pelo suelto para que el Cierzo juegue con él.
En casa, todo está por hacer, pero no me importa.
Bajo al super y me compro pavo, queso, pan de molde y una cerveza belga, no voy a cocinar. Tampoco he fregado los platos, ni he puesto la lavadora. No, solo leer, escribir y escuchar música.
Esta noche concierto, y bailar, bailar hasta caer muerta.
Que no, que hoy no me bajo de las nubes.

26.1.05

Cómplices

ya en casa

Algo que me permite el frío es ponerme gorro, o sombrero, no estoy segura de como se dice. En Barcelona nunca lo necesité, y usarlo por capricho siempre me dio vergüenza.
En cambio aquí salgo a la calle con el sombrero (o gorro) que me regalaste, el verde pistacho, el que en la silueta que forma mi sombra tiene un aire de los años veinte.
Camino, entre el aire que corta.
Imagino que a poca distancia, me estás siguiendo, y gravas mis movimientos en blanco y negro, para poder realmente retroceder en el tiempo.
Un paso tras otro, tu corazón late al mismo ritmo que mis caderas, tic tac, un dos, tic tac...una vuelta a la manzana, algo brilla sobre el asfalto, me acerco, es una cabeza de atún, y con su ojo muerto me está mirando.
Pestañeo, parpadeo, y sigo adelante.
Realmente algunos días todo se confabula para hacerme creer que vivo en un sueño.

25.1.05

Amanece (otra vez)

luna lunera

Nunca antes había visto una luna así, la misma que algunas noches tiñe de rojo mi habitación, y mis sueños.
Ahí está, a punto de desvanecerse en el día que empieza, brillando, con la intensidad de una despedida.
La cocina huele a romero. Me recuerda tanto a ti. Tanto, como el frío que entra por la ventana.
Como el último invierno, que no volverá a repetirse.

24.1.05

Resistiré

estirando

He tenido que cambiar el sistema de comentarios, las razones aquí... cambios y más cambios, hasta tener que arreglar el título de todos los post uno por uno, pero bueno, bastante aburrido ha sido hacerlo como para después contarlo.
Sopla un viento helado, he cruzado media Zaragoza sin bufanda (si, siempre la olvido el día más oportuno) tengo sueño, dolor de cabeza, una lavadora por tender y muy pocas ganas de sentir las cuerdas frías en el lavadero.
Pero hoy me empeñé en que iba a ser un gran día y lo va a ser, así que voy a buscar un gelocatil, o una aspirina o algo que me arregle el cuerpo, y una buena crema hidratante porque creo que se me va a caer la piel a tiras...

23.1.05

Turismo

de paseo

Yo te miro a ti,
y tú ¿qué miras?

21.1.05

Diez viajes

Todas las tardes cojo el autobús, unas veces el 40 y otras el 39. Sentarme en él me recuerda a las tardes de ir y venir en el metro de Barcelona, donde me gustaba observar a la gente y escribir sobre ella. Aquí es diferente, habiendo paisaje urbano tras las ventanas, casi siempre me olvido de los pasajeros.
Ayer en cambio, uno me llamó la atención. Llevaba un sombrero gris y algo en su mirada que advertía que se iba a comportar de un modo extraño. Primero se colocó al lado de una mujer mayor. Cuando ella se giraba le tocaba el hombro con un dedo, sutil, su tacto debía ser apenas perceptible, porque la señora no estaba segura si era real o no lo que le estaba pasando. Después se levantó para bajar y esperó de pie detrás de una chica, calculo que de mi edad. Empezó a soplarle en la nuca, primero muy suave, luego un poco más, hasta que ella se giró con cara de fastidio. Entonces las puertas se abrieron y bajó, no sin antes empujar al chico que había en la entrada. Ya en la acera, palmeó el hombro de una anciana, le grito buenas tardes y cruzó el semáforo por delante del autobús con los brazos abiertos de par en par, con una sonrisa pequeña, en la mirada, no en los labios.
Silencio en el interior del autobús, ese hombrecillo había creado un clima incómodo, a nadie le gusta ser tocado, o soplado por un desconocido, al menos eso parece.
A mí, desde fuera, teniendo una imagen total de la escena, me pareció un tipo divertido, solo hacía falta una buena melodía, y habría sido el perfecto protagonista de un musical.

20.1.05

Un regalo

cara a la pared

Caminaba hacia la plaza donde está el museo Pablo Gargallo, nunca recuerdo su nombre, hace dos días, o tres... ¡ Madre mía, que mal tengo la memoria! En fin, lo importante es que el día era gris, como lo habían sido todos los anteriores, y yo paseaba, tranquila, como siempre, pensando en vete a saber qué.
Entonces la plaza se iluminó, mejor dicho, una franja luminosa atravesó la fachada de la iglesia como si alguien detrás de una nube estuviera aguantando un foco. Miré el cielo, que empezaba a ser azul en una pequeña parte, y al bajar la vista ya encontré llena de luz toda la calle.
Regresé a casa andando rápido, emocionada, me sentía especial por haber podido presenciar semejante espectáculo.
Abrí la puerta, no solté ni el bolso, entré en esta habitación y allí estaba el sol, de nuevo, colándose por los agujeritos de mi persiana.

19.1.05

Y se escapó de la foto

la colometa

Los ojos azules, el pelo corto, los guantes rotos, pequeña, viva, de tiempo indefinido. Se mueve entre el enjambre de palomas que ella misma ha creado, fluye, las llama, las alimenta y después se marcha, corriendo, como si acabara de cometer un delito grave.
Yo me quedo con su figura, que se aleja deprisa, dándome a la espalda.
La primera idea que me aborda es que debe sentirse muy sola para buscar el cariño de unos pájaros. Porque esa es la sensación que me da, que se abrazaba a las palomas, para llenar un vacío, o para cubrirlo con un vendaval de aleteos incontrolados.
La segunda idea, es que debo haberme vuelto muy egoísta, demasiado, para pensar que solo nos damos para combatir la soledad.

18.1.05

Alteraciones

crujen

Algunas imágenes me atraen y me inquietan a partes iguales.
Las formas bajo el agua, se tambalean levemente, al ritmo que la corriente las quiera mecer. Y parecen más vivas que nunca, pero no son más que cadáveres incapaces de salir a flote.
La niebla va bajando, mientras cruzo un puente de madera, un estanque, un lago, un manto de hojas secas. El cielo es un laberinto de ramas desnudas y cortezas blancas.
Pasear por los galachos de juslibol en invierno, es lo más parecido a despertar desnudo en una película de Tim Burton.
Lo recomiendo.

17.1.05

La joie de vivre

je cherche

Una canción que me acompaña, la joie de vivre. Es una canción mágica, la tarareo y algo a mí alrededor se transforma.
Solo hay que estar un poquito atento, saber pedir, sentir su melodía en la punta de los dedos y buscar.
Y no ver solo el gris al mirar el cielo.

16.1.05

Tarde de sábado

después del hombre del tren...

Ayer, tarde de sábado en los cines Renoir. Una película excelente, para mí gusto claro, que se titula Confidencias muy intimas. Tengo que reconocer que cuando empezó me sentí un poco estafada, en la web de la guía del ocio la anuncian en versión original subtitulada al castellano, lo cual me extrañó bastante, pero está doblada, como el resto de su cartelera. Más tarde pensaba que gracias a esa confusión no me había perdido la película, me gusta mucho más poder escuchar la voz original de los actores, pero todo lo demás valía la pena.
Las miradas, eran tan intensas, los actores, tan entregados y la historia tan interesante, intentar condensarla, resumirla o explicar algo más sería imposible.
Si acaso la sensación agridulce que me dejó, el pensar lo importante que podemos llegarnos a sentir cuando alguien toca a nuestra puerta, nos señala con el dedo, y nos elige como su centro de atención.
Una sensación que me hace ser más grande y más pequeña a la vez.

14.1.05

Sustancia

la mona

El carnicero del mercado de San Vicente de Paul siempre me regala los huesos para el caldo, y eso que yo carne compro más bien poca, un día dos filetes, la próxima quizá unas costillitas, visitas muy esporádicas.
Hoy me dio tres de cerdo y uno de ternera ¡pero que hueso de ternera! Sé de una que va a dar un salto de alegría cuando lo vea, porque después de la olla, ella es la que se dedica a hacer figuras de marfil con las rodillas de las vacas.
Mi compañera de calle, que está tan encantada con Zaragoza como yo, o más. Sobretodo con el Parque Grande, o bueno, con cualquier parque en el que pueda correr un poco y robar unas cuantas piñas.
Esta mañana nos hemos dado un buen paseo, como hacía tiempo. Camina pegada a mí, con aires de pantera y cuando pasamos por algún sitio desconocido, nuevo, agacha la cabeza, me mira, y sonríe con los ojos.
A las dos nos gusta sentirnos un poco exploradoras.

12.1.05

Clases de buceo

allá voy

Esta mañana todo volvió a su sitio, las clases de francés, el camino, pasear, sentirme bien, despertar temprano y sentir el frío en la cara, como una caricia envolvente, como un letrero luminoso que parpadea y me grita ¡despierta!.
Y eso hago, abro bien los ojos, no quiero perderme nada.
El cielo es blanco, la niebla suaviza los bordes de los edificios, las esquinas, las aristas de los balcones.
La niebla apaga los colores, todo es tenue, acogedor, amable.
Me invade una sensación de irrealidad, de cuento, al rozar con la piel las gotas diminutas que el aire reparte.
Me adentro en la niebla, en la ciudad, en un miércoles cualquiera.

10.1.05

En casa

llegando

Ya queda poco para salir de la autopista, no solo el desierto habla, también la niebla, y el hielo. Pedacitos de hielo que se han pegado al retrovisor, como forma de aviso, en Zaragoza hace frío, mucho, muchísimo frío.
Ayer me tomaba una caña en una terraza de Barcelona, el sol en la cara, las hojas de los árboles todavía cayendo, como si el otoño acabara de empezar. En momentos así, me parece que el clima es igual en todas partes, un poco más, un poco menos. Me equivoco, hoy lo sé, la próxima vez que me pase, seguro que lo vuelvo a olvidar.
Cuanto más avanza el coche, menos grados marca el termómetro, pero también más calmada me siento. ¿Qué tendrá esta ciudad que me pacifica?
Zaragoza es mi evasión, mi válvula de escape, un lienzo por estrenar en el que por fin, por primera vez en mi vida, yo elijo los colores.

2.1.05

Pensaba que...

 mi ventana

Un mundo. Hay todo un mundo,
detrás de mi ventana.
Lo miro, lo guardo,
A veces de un lado.
A veces de otro.