Zaragoza en blanco




21.12.04

Hablan

moncayo

Seguí el consejo de nacho y me puse a escuchar. Escuché de nuevo el viento, esta vez soplando con más fuerza, a mi espalda. Escuché también el agua, al caer deprisa, leve, gotitas, una tras otra. Escuché por primera vez el crujir de los árboles, que nacen y mueren al lado del río, árboles tan inclinados que pueden besar el suelo. Me contaron secretos que no sabría como repetir, me llenaron las manos de un lenguaje nuevo.