Zaragoza en blanco




10.12.04

Espejismos

Sé que a veces veo cosas que los que están a mi alrededor no ven, por ejemplo, de niña, la multitud de fantasmas, dráculas y hombres lobo que aparecían en mi cuarto con solo apagar la luz, las calaveras parlantes que formaban las manchas del suelo, o un duende que se me apareció en el bosque hace solo un par de años (sorprendente que me creyó todo el mundo, ahí empecé a plantearme si no me tomaban un poquito por loca). También me pasa con cosas más cotidianas, personas que me recuerdan a otras, ciudades que me recuerdan a otras, playas que me parecen desiertos, estar en un lugar y sentirme realmente en otro, sentir la energía, la luz, el color de otro, hasta el punto de confundirme y no saber realmente donde me encuentro. En Zaragoza me pasa algo parecido, cosa del mobiliario urbano, me explicaron el otro día, que es europeo, y podría ser que por eso, en un barrio me siento en París, en el otro en Roma o en Madrid, y así voy y vuelvo, de ciudad en ciudad, al girar una esquina o cruzar un paso de cebra.
Pero lo de la capital francesa no solo es producto de mi imaginación, aquí dejo la prueba gráfica. Sí, a veces me dejo llevar demasiado por mis sensaciones, pero en este caso hay algo más, algo que esta afuera y no solo dentro de mi cabeza. Podría continuar con muchas otras fotos, pero creo que como muestra será suficiente. Como muestra de que también me gusta habitar esta dimensión, de vez en cuando.