Zaragoza en blanco




2.12.04

Cortinas

Es de noche, llueve, la lluvia resbala tras los cristales del autobús, el número cuarenta, primera vez que lo cojo, un clima ideal para no saber donde voy a bajarme. Efectivamente, pasa lo que tiene que pasar, no para donde imaginaba, para mucho más lejos, abre las puertas y me escupe al Paseo de la Independencia, repleto de luces, coches, semáforos, y gente corriendo en paraguas, gente previsora que lleva paraguas, no como yo, que no llevo y me acabo de quitar las gafas porque con tantas gotitas en los cristales apenas veo. Y todo se vuelve un poco borroso, hace tanto frío, intento caminar a paso rápido, casi me resbalo, así que respiro hondo, me relajo y sigo, paseando, tranquila, como en una dulce mañana de primavera. Algunas personas me miran, desde el interior de un bar, una portería, desde el interior de sus cabezas secas, protegidas, yo estoy tan mojada que no siento el agua. Meto el pie en un charco, casi hasta la rodilla, ya puedo ver mi casa, estoy muy cerca, y me río, me río sola, imaginando la cara que pondrás cuando me abras la puerta.