Zaragoza en blanco




23.11.04

Nocturnos

souvenir

Hace frío, te apetece tomar un café Irlandés, a mí también, en realidad lo que nos apetece es estirar la noche un poco más, alargar la conversación, seguir riendo por cosas que no tienen gracia para ningún otro, porque las carcajadas pueden ser más cómplices que la piel, algunas veces. Y allí, muy cerca, está esa taberna inglesa, la de los enormes sofás de skay, donde estuvimos una vez y estuvimos cómodos.
Pedimos y nos sirven dos enormes copas, coronadas con nata y virutas de chocolate, y el whisky, que normalmente no soporto, me parece una delicia unido al calor del café, una sensación que se queda en el pecho, amarrada, de sabores dulces y amargos, de la noche tan clara que puedo ver tras el cristal, que está detrás de ti, que me mirás a mí, en lugar de mirar la noche. Nuevas ideas, mezclándose con antiguos recuerdos, todo puesto sobre la mesa, junto con las copas, los posavasos y el cenicero vacío. La música es espantosa, de esa que como mucho, se soporta en verano, pero no importa, me pides que te escriba y si soborno un poco a la memoria, haciendo un pequeño esfuerzo, bien podría estar sonando Over the Rainbow por Eva Cassidy, que es lo que estoy escuchando ahora, mientras te pienso.