Zaragoza en blanco




2.11.04

Alrededores

La carretera que lleva a Fuendetodos está desierta, el aire es hielo, nos rodean unas dunas melancólicas, peladas, extrañas, extrañas para el que nunca las vio antes. Un paisaje que nunca se rompe, que inunda los ojos de amplitud y horizonte, y molinos, los molinos que avisan que estás llegando, al pueblo donde nació Goya, más bien diría, al pueblo porque nació Goya, él es el fin, el motivo, la búsqueda que nos mueve hasta este lugar remoto, acogedor, amable, que nos recibe con el alzar el vuelo de una cigüeña. Nunca había visto una antes ¿Y tú? Caminamos entre piedras, algunas enormes, otras formando casas, otras rodando tras una patada. Como siempre llegamos a la mala hora, cuando todo está cerrado, pero no importa, comemos, paseamos, esperamos, reímos, la temperatura es cada vez más baja, la gente en contraste te abriga. Más tarde la chica del museo nos explica cada detalle, sonriente, la casa donde él nació, la casa tiene techos bajos y el ambiente enrarecido. Los gravados duelen, los horrores de la guerra, los caprichos, los monstruos que atormentaban al genio, los ojos torturados, visitar Fuendetodos tiene el mismo efecto que verter agua ardiendo sobre un vaso de cristal helado, uno se marcha con sensaciones dividas, entre el placer y la angustia, entre un día de excursión fantástico y una tristeza infinita.

desde el mirador