Zaragoza en blanco




30.10.04

Despierta

Mañana de sábado, hace frío pero el cielo está azul, limpio, tremendo. Todos los coches ya han salido a la calle, pero en mi casa solo yo estoy despierta. Quiero ir a comprar torrijas, ¡¡¡ quiero desayunar torrijas !!!.

27.10.04

La vie en Rose

pilar en rosa

o como estudiar francés me cambia la visión de las cosas...al menos durante unas horas.

26.10.04

Jueves noche

Hace unas semanas, concretamente el 14 de octubre, descubrí dos cosas nuevas para mí, La Campana de los Perdidos y el jazz manouche. Creo que fue una suerte encontrarlos de forma conjunta. Un sótano oscuro en forma de cueva y una música alegre, viva, chispeante, que rompía la oscuridad con dos guitarras y un contrabajo, unida a un tintineo de copas, murmullos y risas. La campana de los perdidos, me pareció un lugar especialmente cálido donde no cabe el silencio, pero a la vez ofrece a los músicos el más grande de los respetos, y si no el más grande, si el más satisfactorio, el disfrute total y desatado de la música que están interpretando.
Yo, que no dejo de ser una flipada de la vida, encuentro en Zaragoza parecidos a todo, y sobretodo a París, en algunos árboles, esquinas, fachadas, plazas, hay tantas tiendas con nombres franceses, tantos cafés, (si, eso ya lo dije). Así que poder escuchar a ese trío fantástico que formaron La fabrique a Swing, en un ambiente que nada tenía que envidiar al de Le Petit Journal de Montparnasse, y con músicos tan geniales y a la vez cercanos como Philippe Charlot, dispuestos a brindar con el personal mientras explican el origen de sus canciones, que puedo decir, transformó una simple noche de jueves en un derroche de emociones inesperado.
Los músicos como siempre se van, pero la Campana queda, no dudéis en visitarla...

la campana de los perdidos

17.10.04

Llegó el otoño

otoño

15.10.04

El día 14

Saboreo el café. Un Capuccino en un café. Un café, un refugio. Un café en el paseo de la Independencia.
Hay tantos aquí. Tantos cafés, tantos bares, tantas puertas abiertas.
Hoy llegó el frío y me caló los huesos.
Tacitas de porcelana, chatos de vino, barras de mármol, jaleo, jaleo, eterno jaleo, el barrio donde yo vivo, estos días huele a cordero asado y calamares fritos. Y las fiestas continúan. Anoche el Rosario de cristal pasó por mi puerta, yo sentada en el balcón miraba, lucecitas de velas llenaban la calle, de arriba abajo, de abajo arriba, como en la ofrenda de flores el día antes, baturros y baturras haciendo cola bajo mi ventana.
En cada rincón suena una jota, algunas mujeres cantan, y fuman, con los labios pintados, el mantón bordado de hilo a los hombros, el pelo recogido en moño. Siguen fumando, como si todos los días se vistieran de princesas, como si el cigarro solo fuera aire, aire que baila entre sus cuidadas manos. Y las fiestas siguen, aunque se enfade Bunbury porque le falló el experimento y a nadie pareció importarle.
Tropezar con las ideas, cantará Antonio Vega dentro de poco, yo más bien choco con ellas (que ganas tengo de verlo) y cuando me aparto están rotas o dobladas, por eso muchas veces no se me entiende.
Corazón, corazón, me llaman todas las dependientas, y a veces me angustia ser el corazón de tanta gente en esta ciudad, pero no puedo negar que me guardo todas esas pequeñas muestras de afecto y cuando me siento sola las abrazo muy fuerte, con los ojos cerrados, como si fueran los viejos peluches que nunca tuve.

6.10.04

Pausa

Mientras preparo mi casa, la ciudad se prepara para las ¡fiestas!